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Queridos hermanos y hermanas:
El tema de la próxima Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales - "El sacerdote y la
pastoral en el mundo digital: los nuevos medios
al servicio de la Palabra" - se inserta muy
apropiadamente en el camino del Año Sacerdotal,
y pone en primer plano la reflexión sobre un
ámbito pastoral vasto y delicado como es el de
la comunicación y el mundo digital, ofreciendo
al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su
particular servicio a la Palabra y de la
Palabra. Las comunidades eclesiales, han
incorporado desde hace tiempo los nuevos medios
de comunicación como instrumentos ordinarios de
expresión y de contacto con el propio
territorio, instaurado en muchos casos formas de
diálogo aún de mayor alcance. Su reciente y
amplia difusión, así como su notable influencia,
hacen cada vez más importante y útil su uso en
el ministerio sacerdotal.
La tarea primaria del sacerdote es la de
anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha
carne, y comunicar la multiforme gracia divina
que nos salva mediante los Sacramentos. La
Iglesia, convocada por la Palabra, es signo e
instrumento de la comunión que Dios establece
con el hombre y que cada sacerdote está llamado
a edificar en Él y con Él. En esto reside la
altísima dignidad y belleza de la misión
sacerdotal, en la que se opera de manera
privilegiada lo que afirma el apóstol Pablo:
"Dice la Escritura: 'Nadie que cree en Él
quedará defraudado'... Pues "todo el que invoca
el nombre del Señor se salvará". Ahora bien,
¿cómo van a invocarlo si no creen en Él? ¿Cómo
van a creer si no oyen hablar de Él? ¿Y cómo van
a oír sin alguien que les predique? ¿Y cómo van
a predicar si no los envían?" (Rm 10,11.13-15).
Las vías de comunicación abiertas por las
conquistas tecnológicas se han convertido en un
instrumento indispensable para responder
adecuadamente a estas preguntas, que surgen en
un contexto de grandes cambios culturales, que
se notan especialmente en el mundo juvenil. En
verdad el mundo digital, ofreciendo medios que
permiten una capacidad de expresión casi
ilimitada, abre importantes perspectivas y
actualiza la exhortación paulina: "¡Ay de mí si
no anuncio el Evangelio!" (1 Co 9,16). Así pues,
con la difusión de esos medios, la
responsabilidad del anuncio no solamente
aumenta, sino que se hace más acuciante y
reclama un compromiso más intenso y eficaz. A
este respecto, el sacerdote se encuentra como al
inicio de una "nueva historia", porque en la
medida en que estas nuevas tecnologías susciten
relaciones cada vez más intensas, y cuanto más
se amplíen las fronteras del mundo digital,
tanto más se verá llamado a ocuparse
pastoralmente de este campo, multiplicando su
esfuerzo para poner dichos medios al servicio de
la Palabra.
Sin embargo, la creciente multimedialidad y la
gran variedad de funciones que hay en la
comunicación, pueden comportar el riesgo de un
uso dictado sobre todo por la mera exigencia de
hacerse presentes, considerando internet
solamente, y de manera errónea, como un espacio
que debe ocuparse. Por el contrario, se pide a
los presbíteros la capacidad de participar en el
mundo digital en constante fidelidad al mensaje
del Evangelio, para ejercer su papel de
animadores de comunidades que se expresan cada
vez más a través de las muchas "voces" surgidas
en el mundo digital.
Deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo
de los medios tradicionales, sino también de los
que aporta la nueva generación de medios
audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs,
sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e
instrumentos útiles para la evangelización y la
catequesis.
El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la
Iglesia mediante estos modernos medios de
comunicación, y ayudar a las personas de hoy a
descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de
unir el uso oportuno y competente de tales
medios - adquirido también en el período de
formación - con una sólida preparación teológica
y una honda espiritualidad sacerdotal,
alimentada por su constante diálogo con el
Señor. En el contacto con el mundo digital, el
presbítero debe trasparentar, más que la mano de
un simple usuario de los medios, su corazón de
consagrado que da alma no sólo al compromiso
pastoral que le es propio, sino al continuo
flujo comunicativo de la "red".
También en el mundo digital, se debe poner de
manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en
Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el
resultado de teorías eruditas, sino una realidad
muy concreta y actual. En efecto, la pastoral en
el mundo digital debe mostrar a las personas de
nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de
hoy que "Dios está cerca; que en Cristo todos
nos pertenecemos mutuamente" (Discurso a la
Curia romana para el intercambio de
felicitaciones navideñas, 22 diciembre 2009).
¿Quién mejor que un hombre de Dios puede
desarrollar y poner en práctica, a través de la
propia competencia en el campo de los nuevos
medios digitales, una pastoral que haga vivo y
actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién
mejor que él para presentar la sabiduría
religiosa del pasado como una riqueza a la que
recurrir para vivir dignamente el hoy y
construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja
como consagrado en los medios, tiene la tarea de
allanar el camino a nuevos encuentros,
asegurando siempre la calidad del contacto
humano y la atención a las personas y a sus
auténticas necesidades espirituales. Le
corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro
tiempo "digital" los signos necesarios para
reconocer al Señor; darles la oportunidad de
educarse para la espera y la esperanza, y de
acercarse a la Palabra de Dios que salva y
favorece el desarrollo humano integral. La
Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las
numerosas encrucijadas que crea la tupida red de
autopistas del ciberespacio, y afirmar el
derecho de ciudadanía de Dios en cada época,
para que Él pueda avanzar a través de las nuevas
formas de comunicación por las calles de las
ciudades y detenerse ante los umbrales de las
casas y de los corazones y decir de nuevo:
"Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me
abre, entraré y cenaremos juntos" (Ap 3, 20).
En el Mensaje del año pasado animé a los
responsables de los procesos comunicativos a
promover una cultura de respeto por la dignidad
y el valor de la persona humana.
Ésta es una de las formas en que la Iglesia está
llamada a ejercer una "diaconía de la cultura"
en el "continente digital". Con el Evangelio en
las manos y en el corazón, es necesario
reafirmar que hemos de continuar preparando los
caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin
descuidar una atención particular a quien está
en actitud de búsqueda. Más aún, procurando
mantener viva esa búsqueda como primer paso de
la evangelización. Así, una pastoral en el mundo
digital está llamada a tener en cuenta también a
quienes no creen y desconfían, pero que llevan
en el corazón los deseos de absoluto y de
verdades perennes, pues esos medios permiten
entrar en contacto con creyentes de cualquier
religión, con no creyentes y con personas de
todas las culturas. Así como el profeta Isaías
llegó a imaginar una casa de oración para todos
los pueblos (cf. Is 56,7), quizá sea posible
imaginar que podamos abrir en la red un espacio
- como el "patio de los gentiles" del Templo de
Jerusalén - también a aquéllos para quienes Dios
sigue siendo un desconocido.
El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su
dimensión más amplia, todo el mundo digital,
representan un gran recurso para la humanidad en
su conjunto y para cada persona en la
singularidad de su ser, y un estímulo para el
debate y el diálogo. Pero constituyen también
una gran oportunidad para los creyentes. Ningún
camino puede ni debe estar cerrado a quien, en
el nombre de Cristo resucitado, se compromete a
hacerse cada vez más prójimo del ser humano. Los
nuevos medios, por tanto, ofrecen sobre todo a
los presbíteros perspectivas pastorales siempre
nuevas y sin fronteras, que lo invitan a valorar
la dimensión universal de la Iglesia para una
comunión amplia y concreta; a ser testigos en el
mundo actual de la vida renovada que surge de la
escucha del Evangelio de Jesús, el Hijo eterno
que ha habitado entre nosotros para salvarnos.
No hay que olvidar, sin embargo, que la
fecundidad del ministerio sacerdotal deriva
sobre todo de Cristo, al que encontramos y
escuchamos en la oración; al que anunciamos con
la predicación y el testimonio de la vida; al
que conocemos, amamos y celebramos en los
sacramentos, sobre todo en el de la Santa
Eucaristía y la Reconciliación.
Queridos sacerdotes, os renuevo la invitación a
asumir con sabiduría las oportunidades
específicas que ofrece la moderna comunicación.
Que el Señor os convierta en apasionados
anunciadores de la Buena Noticia, también en la
nueva "ágora" que han dado a luz los nuevos
medios de comunicación.
Con estos deseos, invoco sobre vosotros la
protección de la Madre de Dios y del Santo Cura
de Ars, y con afecto imparto a cada uno la
Bendición Apostólica.
Vaticano, 24 de enero 2010, Fiesta de San
Francisco de Sales.
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